PERR@S CON DERECHO A PLAYA

El domingo tuve encima de mi casa un cielo dominado por el sol. Me costó un poquito despertarme porque la noche de antes jugué al futbol con mis hermanos y me agotaron; de hecho, mi madre les llamó al orden porque me dieron un par de balonazos intencionados para hacerme rabiar. Pero, en cuanto oí a mi mami trastear en la cocina, vencí la pereza, me sacudí y salí a desayunar con ella.

En cuanto vi ese día tan luminoso me entraron ganas de salir a pasear.

Le pedí a mi madre que nos fuésemos un rato a la playa y casi me atraganto de lo rápido que desayuné. No quería que mis hermanos nos acompañasen porque quería estar tranquila.

De nada me sirvieron las prisas…

Mi hermano pequeño se levantó, desayunó en un santiamén y dijo que se unía a nosotras  en la vuelta. Ahí se fastidió la cosa…

Soy Bolita y estoy jugando en la playa, subida a una roca porque me gusta la aventura

Se empeñó en que me tenía que socializar, que debía aprender a jugar con otros perritos, que no podía andar gruñendo a todo can con el que me cruzaba en la calle y zarandajas por el estilo. En resumen, que se empeñó en que fuésemos a un playa en que permiten la entrada de perros.

Y lo peor de todo es que consiguió convencer a mi mamá.

Estoy segura de que lo hizo por chincharme. Sabe perfectamente que no me gusta esa playa. Prefiero la playa de siempre, la que hay frente a nuestro balcón, aunque sé que a veces puede que tenga que correr porque viene la policía.

Reconozco que la playa “para perros” es muy bonita, tiene arena suave, rocas y olas tranquilas que permite meter las patitas en el agua sin peligro. Pero todo eso no  sirve de nada porque a una servidora le da miedo ir a esa playa.

En cuanto pones un píe en la arena, se te acercan un montón de chuchos de todos los tamaños y colores, empeñados en revolotear a tu alrededor, olisquearte el trasero, empujarte y obligarte a retozar con ellos. A mí me entra el pánico y salgo corriendo en dirección contraria y claro, ellos corren detrás porque creen que quiero jugar. Esto provoca las risas de mis hermanos, que dicen que, entre mi tamaño y mis chillidos, parezco una ratita.

Nunca me han hecho daño en sus intentos de acercamiento y amistad conmigo, pese a que hay perros enormes entre los que me persiguen, pero confieso que, en todas las ocasiones, ha tenido que ir mi madre a rescatarme porque veía que no disfrutaba con el juego.

Bueno, ya sabéis por qué no me gusta ir a esa playa. Pero, para no mentir, reconozco que el domingo me lo pasé muy bien porque, cuando llegamos nos encontramos con una amiga de mi mamá y su hijo.

Con mi tía Laura y Mateo (en la barriga de su mamá) que juegan conmigo y me cuidan

Mi hermano se distrajo con el otro chico y se olvidaron un poco de mí. Pude disfrutar de la atención absoluta de mi mamá y de su amiga, que me protegieron de las intenciones de acercamiento de otros perritos y perritas. Jugué feliz con ellas por la arena y entre las rocas y me divertí viendo a los demás perros bañarse, sacudirse el agua y mojar a sus dueños, saltar y correr por la playa a toda velocidad. Esa mañana todos estábamos contentos.

Al principio no me apetecía mucho acercarme al agua
Pero soy una perrita muy valiente y luego me acerqué

Al regreso a casa, mi hermano me dijo que “menos lobos, caperucita” que me había observado en varias ocasiones con el rabo entre las piernas. Yo le dije que había visto cómo un perro grande le había embestido en su carrera y le había rebozado en arena y que entonces el que estaba con cara de miedica era él. Ya no se metió más conmigo esa mañana. Entendí que no quería que contase ese episodio a nadie…

Ladribesos. BOLITA

MI PLAYA ESTÁ PATAS P´ARRIBA

Los últimos días ha habido tormentas en el cielo de mi ciudad

y he salido con mi mami a dar cortos paseos por el patio, bien resguardaditas del frío y la lluvia. Habitualmente me tomo mi tiempo porque no acabo de aceptar el tener que hacer mis necesidades al aire libre y me cuido mucho de que nadie me vea el pompis pero, con este mal tiempo, no he tenido remilgos en hacer pis de inmediato para volver pronto a casa, a refugiarme en mi mantita.
Ya os conté que no me gusta pasear cuando hace frío y me hago la dormida y remoloneo cuando veo que preparan mis cosas para ir a dar una vuelta.

Pero ahora que llevaba unos días sin pasear por la playa, echaba de menos corretear por la arena.

Le he pedido a mi madre ir un poquito a las rocas de la escollera y pese a que me ha advertido de que estaría resbaladiza y revuelta, ha accedido.

Me ha dado mucha pena ver mi playa inundada y desordenada

¡Virgen Santa! Cuando hemos llegado al paseo marítimo ya se me llenaban las patitas de arena y piedras; pero no de arena fina y suave como la de siempre sino de arena sucia de algas y que me molestaba como si fuesen trocitos de vidrio. No me ha gustado, así que he pedido a mi mami que me cogiese en brazos y el resto del paseo lo he hecho cobijada en su pecho, al abrigo de su chaqueta, desde donde he contemplado cómodamente un horizonte que he encontrado extraño y apagado.


He pedido a mi mami que me prestase sus gafas de sol (aunque me quedan grandes) porque, cuando he visto nuestra playa me han entrado ganas de llorar y no quería que nadie me viese porque siempre que lloro o me río hay alguien que acaba diciendo: “Mira, una perrita que llora!!” “Mira, una perrita que ríe!!!”


Nuestra playa estaba totalmente “patas arriba” (es la manera que tienen mis hermanos de decir que algo está desordenado aunque, la verdad sea dicha, no acabo de entender muy bien esta expresión porque, ni su habitación ni el mar tienen patas. Pero bueno, yo os la explico para que entendáis que lo que quiero decir es que mi playa estaba muy desordenada)
Me ha dado mucha pena verla tan destrozada pero mi mami me ha explicado que es normal que haya tormentas y que la culpa de este desorden no siempre es del mar sino de nosotros que, a veces, invadimos su terreno. Ahora estoy más contenta porque también me ha dicho que pronto limpiarán todo y dejarán la playa igual de bonita que estaba. Y yo creo a mi mamá porque ella nunca miente.

Mi prima Chiqui se gusta tanto con su jersey amarillo que ni siquiera quiere bajar de su cojín para no mancharse


Después hemos vuelto a casa. Hoy ha venido a pasar el día mi prima Chiqui que está a dieta porque el veterinario le ha dicho que estaba demasiado rechoncha. Como está tan mimada, para tenerla contenta, le han comprado un jersey amarillo con el que ella se encuentra muy guapa. Como ya sabéis que es muy “moñas” (esto también me lo han enseñado mis hermanos) casi no pisa el suelo para no mancharse. Por eso no ha querido venir a pasear.

Pero yo llevo las patitas llenas de arena y cuando llegue a casa, le daré un abrazo fuerte encima de su jersey amarillo y estoy segura de que saldrá despavorida en busca de mi tia Paquita para lloriquear porque la he manchado…


Ladribesos. BOLITA

No me gusta salir cuando hace frío

Aunque mi mami dice que tenemos el mejor clima del mundo sobre nuestra ciudad, ya me tiene que poner el jersey para salir a pasear.

Reconozco que soy friolera y que busco los rayos de sol en todas las ventanas de casa. No me gusta el frio. No me gusta que me pongan trajes porque no me puedo mover a gusto y algunos me pican. Y sin traje tengo frío y no me gusta salir.

Resumiendo: cuando llega el frío no me gusta salir de casa.

Me hago la dormida para no salir cuando hace frio
Bolita despertando envuelta en su manta preferida porque es muy suave.

Conforme disminuye la temperatura, aumenta mi remoloneo cuando mi madre o mis hermanos quieren sacarme a pasear. Mientras preparan mis cosas para salir, los miro con el rabillo del ojo y me hago la dormida pero no suele darme resultado porque me hacen cosquillas, me da la risa y claro, eso me delata y tengo que irme al obligado paseo.

Esta foto me la ha hecho mi hermano a traición y me ha apostado un masajito en las orejas a que no era capaz de ponerla. Le he ganado!

Aunque mi madre me lo ha explicado un millón de veces, no acabo de estar muy convencida de por qué yo (y sólo yo) tengo que hacer mis necesidades en la calle, sobre todo cuando hace frío.

Pero confieso que no soy capaz de subirme a la taza del wc y manejar la cisterna. Por eso no insisto.


Lo que no me gusta nada es salir a pasear con mi hermano mediano porque, si me entretengo, se ríe y me amenaza con apedrearme con mi propia caca. Aunque no lo ha hecho nunca, no acabo de fiarme y como no me relajo, me estriño y eso hace que me amenace más. No, no me gusta que me pasee mi hermano mediano. Mi mami lo sabe y procura pasearme ella siempre que puede, aunque me tranquiliza diciendo que no me preocupe, que mi hermano sólo bromea para tomarme el pelo. Pero por si acaso…mejor que me pasee mi mamá.

Ahora ya podéis entender por qué espero con tantas ganas que pronto venga el buen tiempo…

Mientras tanto, busco los rayos de sol en casa …

Por cierto, MUY IMPORTANTE que no dejéis la calle sucia cuando nos saquéis a “nuestro wc al aire libre”. Mi mamá siempre lleva agua con vinagre y bolsitas para limpiar bien cuando hago pis y pos


Ladribesos. BOLITA

FELIZ AÑO NUEVO!!

Hace tiempo que no escribía, ya sabéis. La última vez ya os dije que estaba desganada porque me sentía un poco triste con el final del verano. Pero eso ya pasó, ahora estoy contenta de nuevo. He tardado en escribir porque los preparativos de la Navidad me han tenido ocupada y entretenida. Antes de fiestas me llevaron a la veterinaria a hacerme la paticura (¡qué manía!) y luego hemos estado de compras y organizándolo todo para la celebración de la Navidad.


¡Me encantan estas fiestas! Nos reunimos todos y, aunque mis hermanos me quitan la atención completa de mi mamá y encima no paran de meterse conmigo, me siento feliz de tenerlos a todos en casa.


En la cena de Nochebuena cantamos villancicos y luego mi hermano se vistió de rojo, se puso tripa y barba blanca y nos repartió un montón de regalos. Mi prima Chiqui – que está cada vez más fondona- no reconoció a mi hermano y estaba asustada, escondida detrás de mi tía Paquita. Pero cuando le entregaron sus regalos se puso tan contenta y tan nerviosa que parecía eléctrica, moviendo el rabito y yendo de un sitio a otro sin control.
No me gustó que a las dos nos regalasen lo mismo pero mi mami me hizo entender que eso era para que no nos peleásemos. Aunque no lo dijo yo sé que es porque mi prima Chiqui es envidioseta…

En Nochevieja lo pasé muy bien y bailé como una descosida, aunque no quisieron darme una copa de cava y sólo me dio tiempo a comerme una uva, mientras los demás se las zampaban todas.

Me encanta corretear y buscar tesoros entre las rocas, en compañía de mi mami

Esta mañana ha amanecido un día grisáceo pero sin viento y con buena temperatura. He aprovechado para desayunar con mi madre y después le he pedido ir a dar un paseo a la playa. Ha aceptado porque le he prometido que este nuevo año seré más aplicada con mi blog y no me meteré con mi prima Chiqui.


Me lo he pasado genial correteando por la arena y por las rocas. No había nadie, sólo mi madre y yo. Estoy segura de que este año será maravilloso.

¿Os gusta mi jersey de rombos? Es muy calentito. Así puedo mirar el mar sin pillar un resfriado

Deseo que 2020 también sea un año maravilloso para vosotras y vosotros. Espero que sea un año constructivo, conciliador, de igualdad, paz y solidaridad. Un año de oportunidades y encuentros, de respeto a personas, animales y al planeta…un buen año en nuestras vidas…


De corazón os deseo que este sea el comienzo de nuestros mejores tiempos.
Mis cariñosos ladridos navideños para tod@!

BOLITA. Primer escrito de 2020

Un Paseo Otoñal

Llevo un tiempo desidiosa. Mi madre me anima a escribir pero no encuentro el momento. Hay demasiado silencio estos días.

La gente ha abandonado la playa, ha vuelto a sus casas tras el verano y aunque siempre me quejo del ruido de los niños y de que no puedo bajar al patio cuando están ellos porque se meten conmigo e intentan manosearme, ahora los extraño. Echo de menos sus balonazos en mi ventana, sus gritos, sus risas y hasta su enfermiza obsesión colectiva por achucharme y cogerme. De alguna manera, me aburre su ausencia. Los ratitos que pueden, mis hermanos juegan al futbol conmigo pero siempre acaban dándome algún balonazo excesivo que me obliga a refugiarme en los brazos de mi mamá.

Jugando en la playa desierta
Jugando en la zona más resguardada de la playa desierta. Busco la pelota que me ha lanzado mi hermano, pero no la veo…


Hoy he salido a pasear; el cielo estaba violeta oscuro -pese a ser temprano- y hacía un viento increíble, como los que hace en la peliculas de piratas cuando hay tormenta en el mar. El viento soplaba con tanta fuerza que se me han dado la vuelta las orejas.

Mi hermano ha empezado a reirse y a decir que parecía una fallera (“Bolita la fallera, Bolita la fallera!” repetía muerto de risa) A punto ha estado de fastidiarme el paseo. Menos mal que nos hemos cruzado con un perrito de pelo largo que parecía una estrella de mar, de tan levantados que llevaba los pelos; eso ha hecho que la atención de mi hermano se desviase hacia “la estrella de mar” y me ha hecho reír.

Mi madre también parecía el sol naciente, con todos los pelos alborotados mientras vigilaba que corretease un poquito por la arena. No me vigilaba a mí sino que no viniesen esos policías que entran en la playa con zapatos, para echar perritos. Mi madre ha reñido un poco a mi hermano porque ha gritado “policía, que viene la policía” y yo he salido disparada, que se me salía el corazón por la boca, he tropezado y se me han llenado los ojos y el hocico de arena. Me he enfadado un poco y no le he dirigido ni un ladrido durante un rato pero, como me aburría sin jugar con él, he cedido a sus socarronas peticiones de perdón y hemos vuelto a la acción.
De regreso a casa se me han vuelto las orejas otra vez pero, antes de que se diese cuenta mi hermano y se burlase, mi mami me las ha arreglado.


Hoy hasta las palmeras andaban despeinadas y bamboleantes. Pasó el verano y ha sido nuestro primer paseo de otoño. Estoy contenta.


Ladridos cariñosos, de esos de hoja de otoño, ocre y tibia
BOLITA